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La España más bonita

La España más bonita

La Asociación de los Pueblos más Bonitos de España incorporó a principios de este año quince nuevos municipios a su red que se encuentran salpicados por territorio nacional

Nació en 2011, inspirada por el modelo francés ‘Les Plus Beaux Villages de France’ y actualmente es referente de prestigio y calidad a nivel nacional e internacional. Hablamos de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España, una iniciativa cuyo objetivo es promocionar pequeños municipios, preferentemente rurales, que destacan por su patrimonio y belleza.

Este 2020, quince nuevas localidades se han incorporado a esta prestigiosa red que ya cuenta con 94 pueblos. Lo han conseguido tras haber «superado una rigurosa auditoría gracias al trabajo de generaciones de vecinos, que han cuidado y protegido el patrimonio cultural, arquitectónico y paisajístico heredado», en palabras del presidente de la asociación, Francisco Mestre.

Los municipios que aspiran a formar parte de la red deben tener una población inferior a los 15.000 habitantes, contar con un patrimonio arquitectónico o natural certificado y realizar una solicitud a la asociación. Algunos de los criterios que se tienen en cuenta en el análisis de calidad son el cuidado del patrimonio, la limpieza del municipio, la conservación de las fachadas, la circulación de vehículos, el cuidado de las zonas verdes, la actividad cultural programada o la atención a las tradiciones, entre otros muchos.

1. Olivenza, Badajoz.

El postre conocido como Técula Mécula es una de las señas de identidad de Olivenza. Su receta consiste en una mezcla de yemas de huevo, almendras, azúcar, canela y una base de hojaldre de manteca de cerdo. Aunque fueron las amas de casa oliventinas las pioneras en confeccionarla, a mediados del siglo XX los pasteleros de Casa Fuentes la pusieron la regustraron y la pusieron «de moda». Actualmente, viajar a Olivenza y no probar este dulce típico es casi un pecado. Otros productos típicos son la caldereta de cordero, las migas, la pepitoria, la quesaílla, la tomatá y las sopas. Entre los monumentos históricos que aquí se encuentran están el castillo-ciudadela, los baluartes, el puente de Ayuda, la iglesia de Santa María del Castillo, las Casas Consistoriales, o la Santa Casa de la Misericordia.

2. Atienza, Guadalajara.

La calle Cervantes es el eje que vertebra Atienza. Une la plaza del Trigo y el castillo, dos de los símbolos del municipio, a los que se añaden las ocho iglesias y las tres ermitas que aún se conservan en un estado bastante aceptable y que le otorgó la certificación de Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1962. En su entorno natural pueden recorrerse las rutas culturales que reproducen el recorrido del Cid en su destierro, la ruta ecoturística de Don Quijote o la ruta de la Lana, que forma parte del Camino de Santiago. El estofado de judiones, la sopa de ajo y las migas del pastor son sus platos más típicos.3Baleares

3. Pollença, Baleares.

La imagen más representativa de Pollença es el Calvario, del que destacan sus 365 escalones que culminan en un pequeño oratorio desde donde se divisa todo el municipio. El Pont Romà, el puig de María, la iglesia parroquial, la Plaza Mayor y el claustro de Santo Domingo, son enclaves de gran interés cultural y de visita imprescindible en un viaje a este pueblo mallorquín de época medieval. En la zona también destacan dos joyas naturales; la Reserva Natural de l’Albufereta, uno de los tesoros de la bahía tanto por su paisaje como por su valor ornitológico; y la Sierra Tramuntana, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2011. Durante un almuerzo en este bonito pueblo no pueden faltar los platos elaborados con Me de Pollença, la formatjada, la coca de trempó, el tumbet, o las típicas ensaimadas.

4. Monteagudo de las Vicarías, Soria.

Por su estratégica ubicación, Monteagudo de las Vicarías fue, durante la Edad Media, una villa amurallada. En este periodo, Alfonso VIII levantó el castillo de la Raya, así llamado por ser frontera entre Castilla y Aragón, dos territorios históricamente enfrentados. La ermita de Nuestra Señora de la Torre se construyó en 1375 justo en dicha frontera como un símbolo de concordia entre los reinos, de ahí que todo aquel que fuera bautizado en su pila tendría la doble condición de aragonés y castellano. Además de visitar estas dos edificaciones, es una imprudencia irse sin probar el asado castellano, las migas del pastor, los torreznos y la borraja.

5. Culla, Castellón.

Culla fue sometida a una profunda remodelación a mediados de la década de los noventa del siglo XX. Entonces, se peatonalizaron las calles, se ocultó el cableado visible y se sacaron a la luz las piedras de las murallas que había quedado anteriormente tapadas por la pintura de las fachadas de las casas. En la actualidad cuenta con un Recorrido Turístico Urbano que da a conocer 18 puntos de interés de la localidad. El casco antiguo del pueblo, declarado Bien de Interés Cultural, ofrece una ruta por edificios cargados de historia y callejuelas llenas de tradición, como las ruinas del antiguo castillo -actualmente en fase de restauración-, los restos de murallas y torreones del siglo XIII, el arco de Porta Nova, la iglesia parroquial de El Salvador, el Granero del Comendador o el Antiguo Hospital del siglo VIX.

6. Ponte Maceira, Coruña.

La historia y el uso de la piedra es lo que ha dado a Ponte Maceira su particular aspecto envejecido y rural, mezcla de roca y vegetación, que resulta tan atrayente a los visitantes. Cuenta la leyenda que el ponte Vella, uno de los símbolos del pueblo, fue escenario de milagros. Construido con sillares de granito, sillarejo y mampostería, es transitado frecuentemente por peregrinos que se dirigen a Finisterre. Destaca, además, su entorno natural y su gastronomía, cuyos platos más típicos son las carnes y los pescados, las empanadas, los pimientos de Herbón, los postres (roscas, canutillos de crema, tarta de Santiago, y galletas de agua) y la miel de Barcala.

7. Mogrovejo, Cantabria.

Antes de ser uno de los pueblos más bonitos de España, ya fue considerado en 2017 como el más bonito de Cantabria. En una visita a Mogrovejo uno no puede perderse el casco histórico, que data de los siglos XVI al XVIII, la torre del siglo XIII, la casa señorial de los condes de Mogrovejo, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción o la casona de Vicente de Celis. El poblado se localiza en una media ladera del macizo oriental de los Picos de Europa, por lo que es también una zona extraordinaria para disfrutar de la naturaleza. Los productos más típicos de esta tierra son el cocido lebaniego, los embutidos, la carne de vaca lebaniega, los quesucos y el orujo.

8. Castellar de la Frontera, Cádiz.

Un buen número de culturas han dejado su huella en esta villa amurallada cuya situación estratégica y difícil orografía brindaba una protección asegurada. Los primeros asentamientos datan de la época prehistórica, aunque también habitaron en este lugar los íberos, los romanos, los visigodos, los musulmanes y, finalmente, los cristianos. Además de la gastronomía, la agricultura y la ganadería, en Castellar de la Frontera destaca la industria del corcho gracias a sus numerosos alcornoques. Su punto de interés más famoso es la villa-fortaleza, que se encuentra en excelente estado de conservación y que rodea y protege al Pueblo Viejo. Desde el castillo se divisa todo el Campo de Gibraltar y hasta Marruecos. El solomillo de jabalí en salsa de castañas, los chicharrones caseros o el conejo empistado son algunas de sus recetas más típicas.

9. Robledillo de Gata, Cáceres.

Calles empedradas y balcones o pasadizos que conectan las casas sobre la calle creando un hueco por el que incluso pasan automóviles son algunas de las particularidades de esta localidad cacereña situada en la Sierra de Gata. En 1994 fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico y entre sus puntos de interés se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el hospital de Enfermería de los Franciscanos, las ermitas del Manso Cordero, del Humilladero y de San Miguel de la Viña, o los miradores que ofrecen magníficas vistas panorámicas de la zona. No te puedes ir sin probar la ensalada de naranja o la de limones, las carnes a la brasa, las migas extremeñas, el aceite de oliva virgen extra el vino de pitarra y los aguardientes.

10. Castrillo de los Polvazares, León.

Una de las costumbres más curiosas de los maragatos es que degustan el cocido en orden inverso, empezando por la carne y terminando por la sopa. Hay quien lo asocia a las prisas de las tropas de Napoleón que, estando en alerta ante un ataque inminente de los españoles, no querían dejarse lo mejor para el final. Esta es una tradición que, como turista, hay que probar, además de no perderse la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, el puente sobre el río Jerga, o el casco antiguo, declarado Conjunto Histórico Artístico desde 1980.

11. Alcudia, Baleares.

Al norte de la isla de Mallorca se encuentra Alcudia, una localidad famosa por sus playas mediterráneas, como la de Alcudia -considerada de las mejores de Europa-, o la de Muro. Alcudia invita a realizar un recorrido histórico por sus diferentes murallas (medieval y renacentista), la Iglesia de Sant Jaume, el oratorio de Santa Anna, la Ermita de la Victoria o la Ciudad Romana (Pollentia). Desde hace unos años, se puede acceder a lo alto de las murallas en algunos de sus tramos y disfrutar desde allí de unas vistas increíbles del pueblo y de la Sierra de Tramuntana. Para llenar el estómago y coger fuerzas durante un día de turismo, este municipio ofrece grandes manjares como el frito mallorquín, la caldereta de langosta, los panades, cocarrois y cocas, o la repostería popular (rosari ensucrat y panellets).

12. Teguise, Lanzarote.

Teguise tiene el casco histórico mejor conservado de Canarias, ya que no ha sufrido grandes alteraciones a lo largo de los siglos XIX y XX. Esta es una de las señas de identidad de la villa, que lucha por conservar el sabor de lo verdaderamente antiguo en los tiempos modernos que corren. Así, un paseo por este municipio es similar a un viaje en el tiempo al Teguise de la época de nuestros abuelos. Entre sus puntos de interés están la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, el convento de San Francisco, el palacio Spínola o el castillo de Santa Bárbara. El Parque Natural Marítimo-Terrestre del Archipiélago Chinijo forma la mayor reserva marina de Europa, con 9112 hectáreas y su visita es prácticamente obligada. Para comer se puede optar por la carne de cabrito, el queso de cabra y los mantecados artesanos. Entre enero y marzo se celebran los carnavales, una de las festividades más populares de la localidad.

13. Betancuria, Fuerteventura.

La villa histórica de Betancuria ha mantenido un importante patrimonio cultural y artístico de arquitectura rural, y desde 1979 es considerada Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico-Artístico. Sus casas y calles se adaptan a la orografía del valle y entre sus puntos de interés se encuentran, principalmente, iglesias y ermitas. En Parque Rural de Betancuria es un espacio protegido compuesto de llanos, peñas y volcanes que ocupa casi todo el municipio y que cuenta con especies autóctonas como el herrerillo, el canario o el guirre majorero. Desde el famoso mirador de la Degollada se obtiene una sorprendente panorámica del barranco de Fataga, un cañón de 15 kilómetros de recorrido.

14. Pastrana, Guadalajara.

Seguramente conozcas la obra de teatro ‘El sí de las niñas’, de Leandro Fernández de Moratín; pero puede que no sepas que este dramaturgo y poeta español vivió en Pastrana, lugar donde escribió la popular comedia. Este municipio es hogar de numerosos monumentos históricos como la Colegiata, el Palacio Ducal, la fuente de los Cuatro Caños, el convento de San José, el convento del Carmen o sus cuatro palacios. En sus alrededores se encuentra la Alcarria, un paraje natural situado entre los ríos Tajo y Tajuña; o la Sierra de Altomira. En esta villa tampoco te quedarás con hambre si pruebas el cordero asado, las migas y gachas, o sus dulces típicos, como las caridades los dobladillos o los bizcochos borrachos.

15. Vinuesa, Soria.

En el corazón de los Pinares de Soria, entre ríos y montañas, se encuentra Vinuesa, una localidad donde se suceden las casas de indianos, construidas por los habitantes que emigraron a América durante los años de invasión y que a su vuelta contribuyeron a al esplendor del municipio. La villa cuenta con numerosas celebraciones anuales como la fiesta de las Águedas (5 de febrero), la Pingada de Mayo (14 de agosto) o la Pinochada (16 de agosto), una Fiesta de Interés Turístico Regional. El traje típico se llama piñorra y la gastronomía popular consiste en caldereta de cordero, de ternera o toro, los platos mitológicos de temporada, el ajo carretero con oveja y la limonada de vino y canela.