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La leyenda burgalesa del Grial

La leyenda burgalesa del Grial

No existe arcano más largamente perseguido, reliquia más legendaria, ni enigma más universal que el Santo Grial, que según la tradición es la copa que Jesucristo utilizó en la Última Cena. Aunque la literatura no ha dejado nunca de fabular sobre este atractivo misterio, las últimas revelaciones han devuelto a la actualidad este gran mito de la Cristiandad.

Si, en efecto, el Grial es el último vaso que el nazareno se llevó a los labios -y no su descendencia, como proponen otras teorías (Santo Grial significaría Sangre Real, esto es, el linaje de Jesucristo fruto de una relación carnal con la Magdalena)-, según dos historiadores, que lo acaban de revelar en un libro, éste se encuentra en la Basílica de San Isidoro de León y se trataría del llamado Cáliz de Doña Urraca, pieza que se conserva en este templo desde el siglo XI.

Todo historiador da por buena su tesis. Estos también lo hacen. De ser cierta, desmontaría todas las demás, que no son pocas. No en vano, hay alrededor de 200 Santos Griales ‘originales’ repartidos por toda Europa. Este hecho revela una realidad: cuanto rodea esa copa sagrada está envuelto en la bruma del misterio, la leyenda y la mitología. Burgos también tiene su leyenda griálica particular. Y se encierra en una zona que los más creyentes denominan ‘de poder’.Se trata de un rincón del norte de la provincia, un triángulo mágico a caballo entre los valles de Mena y de Losa.


Las Cruzadas de los siglos XII y XIII fueron la piedra de toque de la mitología griálica. Fue en aquella época cuando autores como Robert de Boron o Chrétien de Troyes escribieron los poemas épicos que narraban las historias del Rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, con Perceval como el héroe que mejor encarnaba, a través de sus peripecias, la búsqueda del Santo Grial, al que a partir de entonces se atribuiría un mágico poder, siendo el más fantástico el que aseguraba que el cáliz encerraba el elixir de la vida. La inmortalidad para quien bebiera de esa copa.


Según la leyenda el Grial se conservó en Jerusalén hasta el siglo VII, en que la ciudad cayó en poder de los musulmanes, perdiéndose su rastro hasta que Tierra Santa fue recuperada en el sigloXI. Siglo en el que las teorías sobre su posterior destino se multiplicaron: que si fue hallado intacto en el Santo Sepulcro y llevado a Génova por los cruzados; que si fue sacado de Jerusalén por San Pedro, llevado a Antioquía y posteriormente a Roma; que, una vez allí, y por miedo a la persecución que sufrían los cristianos, fue sacado de allí y enviado a España.


¿Terminó en León, como aseguran los historiadores Margarita Torres Sevilla y José Miguel Ortega del Río, quienes sostienen que dos pergaminos egipcios originales fechados en el siglo XIV señalan que el cáliz fue enviado al rey de León Fernando el Grande o el Magno en el siglo XI, después de haber sido saqueado de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, donde había permanecido hasta entonces? ¿Fue su destino Huesca, donde otra teoría sitúa el escondrijo del Grial, al amparo de los Pirineos? ¿Es acaso la copa que tras conservarse en el palacio de la Aljafería de Zaragoza pasó más tarde a Barcelona y después a la catedral de Valencia en el siglo XV? ¿O fue la provincia de Burgos el destino del deseado cáliz sagrado?