Follow Us

Poza de la Sal: el pueblo de Félix Rodríguez de la Fuente

Poza de la Sal: el pueblo de Félix Rodríguez de la Fuente

Pasear por Poza de la Sal equivale a hacerle una llamadita a la nostalgia. Y es que las callecitas empedradas, estrechas y empinadas están llenas de casonas que parecen ser muy altas comparadas con las que se pueden encontrar en otros núcleos tan antiguos como este.

Todo en Poza de la Sal habla de épocas mejores, más ricas, de gente pululando por sus calles, de comercio, de construcciones pensadas para albergar a muchas personas en un espacio encorsetado por la muralla; es una historia de cruce de caminos, de antiguas calzadas por las que traer y llevar materias de todo tipo, de trabajo, de lugar mimado por la naturaleza que todavía hoy recibe el nombre de Balcón de la Bureba.

Pero ahora hay días en los que el paseo por el recinto amurallado se hace prácticamente a solas, de callecita en callecita siguiendo el itinerario marcado por la vida del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, que nació aquí. 

Aquí, el que construía su casa lo hacía sobre la roca, sin cimientos; una casa se apoyaba en la otra y así hasta el final de la calle, algo que puede reconocerse, sin ser experto en nada, en la Puerta de la Fuente Vieja de la muralla, en el exterior de muchas viviendas y en el interior de la Casa de Administración de las Reales Salinas.

He aquí el motor de la economía de Poza de la Sal durante siglos, las salinas. Después de recorrer la zona amurallada y toparse con la iglesia de santos Cosme y Damián, de portada barroca, hay que dirigirse hacia la zona que se llama de Fuente Buena, el rincón del agua. Lavaderos, fuentes, canales, abrevaderos, el agua rebosa por todas partes. Y de allí comenzar a subir hacia las salinas, adentrándose ya en la naturaleza.